Presencia con P de Padres
Muchas veces hemos hablado sobre la importancia de la presencia de los padres en la educación de los hijos, sin embargo, pareciera que poco hemos comprendido lo que esta palabra significa.
Al hacer referencia a la presencia, no estamos hablando solo del “estar presente“, todos sabemos que hay diferentes formas de estarlo. En la actualidad nos encontramos con muchos padres que a la hora de “estar” prefieren ponerse en “piloto automático”, físicamente se los ve, pero sus pensamientos se encuentran en otro lugar o en otros temas. Con la idea de educar en la responsabilidad, en el “hacerse cargo” delegan en sus hijos funciones que les corresponden. Consideran que ellos ya son grandes y deben arreglárselas solos. Olvidándose de algo fundamental, que aprender a ser responsables implica tener la capacidad de asumir las consecuencias de nuestras acciones.
Nuestra función como padres es desarrollar la capacidad de acompañarlos, mostrándoles aquello que sabemos que es un bueno. Este acompañamiento necesita de la presencia concreta. Probablemente tengamos que dejar de lado ciertas actividades, intereses personales, pero sin olvidar que hay un bien mayor, nuestros hijos. De esta manera les estaremos mostrando, con el ejemplo, que nos interesan y fundamentalmente que los queremos.
Acompañarlos significa mantener cierta distancia prudencial, concepto que todos conocemos cuando manejamos un auto. Si nos acercamos demasiado corremos el riesgo de chocar. Esta situación es comparable al vínculo con los hijos con el riesgo que si chocamos, no puedan aprender a diferenciar lo propio, generadose el conflicto. Y si nos alejamos demasiado, el riesgo es perderlos de vista siendo una de sus consecuencias no poder ayudarlos y estar cuando lo precisen.
Para ayudarlos necesitamos enseñar los procesos, paso fundamental para el aprendizaje en cualquier orden. Paso que dejamos de lado y que nuestros hijos necesitan para ir creciendo.
¿Qué quiere decir enseñar los procesos? Simplemente mostrar los pasos que llevan al aprendizaje para que este se internalice, con lo cual los procesos necesitan tiempo. Tiempo para acomodarlos y asimilarlos, como ocurre por ejemplo, con los hábitos. Cuando son chiquitos nos resulta más fácil comprender este concepto. Es enseñar a guardar, guardando con ellos, y de esta manera en todas las cosas, en definitiva es mostrarle los pasos para realizar una tarea. Es el como se hace.
Cuando comienzan a crecer creemos que ya todo lo aprendieron y lo saben. Es aquí donde debemos recordar que cuando un niño deja de serlo y entra en la adolescencia comienza a recorrer un camino de la inmadurez a la madurez. Esto no significa que esté maduro.
Precisa que lo acompañen para ir adquiriendo las herramientas necesarias para ir saliendo al mundo y necesita saber que puede recurrir a “adultos-padres” que estarán presentes. No quiere decir que les solucionemos las cosas ni tampoco que los sobreprotejamos, significa presencia. Que sepan que tienen un punto donde apoyarse. El dicho lo expresa claramente “dame un punto de apoyo y moveré el mundo”.
Quizá sea tiempo de pensar como es nuestra presencia. Será que en pos de que crezcan y se hagan cargo les damos un lugar que no saben como manejar.
Nadie dijo que educar es una tarea simple ni es fácil, muchas son las dificultades en la que estamos inmersos, sin embargo creo que nuestro desafío como padres es seguir adelante. No dejemos a nuestros hijos solos, ellos nos necesitan y nosotros también.
Lic. Andrea Saporiti - Psicóloga. UCA - Master en Matrimonio y Familia Universidad de Navarra, España | Fundación Proyecto Padres | www.proyectopadres.org

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