Se está gestando una manera más violenta de relacionarse. Destruyen carteles, casas, narices… ¿Qué hay detrás? ¿Cómo podemos orientarlos?

Hicimos una fiesta y me destrozaron una cortina y un mueble, en mi barrio hay patotas de chicos que por las noches buscan casas vacías y entran a romper cosas… ¿Qué está pasando para que tengamos que tener miedo de que nuestros hijos se reúnan en casa con sus amigos o para que chicos que creemos conocer se diviertan rompiendo cosas o pegándose entre ellos?

Lenguas truncas

Las actitudes violentas contra compañeros, padres o maestros surgen de su incapacidad para dialogar y expresar sus emociones.

Los especialistas sostienen que el incremento claro de los casos de agresividad se debe a una menor capacidad para expresar los sentimientos y para dialogar por parte de los adolescentes de hoy. 

Su vocabulario cuenta con pocas palabras que expresan multitud de situaciones. Esto reduce infinitamente los matices y produce una situación de insatisfacción que se llena con el lenguaje corporal que, en ocasiones, puede ser negativo. Así, la violencia no es sino el fracaso del mecanismo de expresión de los sentimientos.

Mientras el adulto maduro utiliza el lenguaje para expresar sus sentimientos, mediante el diálogo que reduce la tensión emocional y alcanza una satisfacción personal, el lenguaje habitual de los jóvenes no les permite canalizar sus emociones. 

Sinceridad… dardo

Es distinto decir “no te queda bien esa pollera” a “qué asco, se te salen los rollos”.

Muy distinto también explicarle a un compañero por qué cae mal a sus amigos que hacer un careo en el que todos juntos lo humillen con sus comentarios. Seguro que muchos adolescentes, y también gran parte de la sociedad, no lo entienden así. Los reality shows y sus “cara a cara” mostraron una nueva manera de decir las cosas: de frente, pero llena de agresividad.

¿Por qué se tratan mal?

Podemos considerar que existen causas biológicas y causas ambientales. Entre las primeras, debemos tener en cuenta que los cambios hormonales propios de la edad pueden gatillar conductas impulsivas y, a veces, agresivas. La búsqueda de la propia identidad los lleva a reforzar su actitud de oposición a lo establecido. 

Con respecto a las causas ambientales, es clara la influencia de los actos violentos emitidos, a cualquier hora del día, por televisión, que podría llevar a considerarlos como "normales". Por otro lado, hoy en día hay más violencia dentro de la familia, manifestada como negligencia, violencia verbal o física, abuso. Desde el espacio laboral o académico, en la calle, se fomenta una actitud competitiva y agresiva. Y por último, tenemos que recordar que el adolescente busca el reconocimiento de sus pares, tiende a andar en grupo, y en grupo pueden potenciarse conductas negativas.

Ejes del cambio

1. ¿Qué es divertirse? La diversión es ese espacio de ocio necesario y diferente a la actividad cotidiana. Necesario para recrearse, para realizar otras actividades, y sin embargo, ante el tiempo libre aparece el vacío, el “no saber qué hacer” y la necesidad de que pase de una manera vertiginosa. Entonces se presenta la violencia como respuesta, como grito desesperado que no permite “mirar” al otro, depositando en él las propias debilidades para fortalecernos.

No saben qué hacer con su tiempo libre, y la necesidad de que pase de una manera vertiginosa los conduce, a veces, al actuar destructivo.

El aburrimiento lleva a inventar cosas que en muchas ocasiones no son buenas. Si saben qué hacer en sus ratos libres, si se juntan con amigos para un programa concreto y no sólo a matar el tiempo, es más fácil evitar esas rarezas agresivas. 

2. Adolescentes seguros. La agresividad suele ser reflejo de la inseguridad. Un hijo seguro es aquel que tiene una adecuada valoración de sí mismo; sabe que sus éxitos son valorados y sus errores, aceptados. Y si lo sabe no es sólo porque lo intuya, sino porque sus padres se lo han hecho saber de la forma más evidente: diciéndoselo, mostrándoselo.

3. El buen trato. Hay que explicarles a los hijos que todas las emociones son válidas, pero no el mal trato. 

No se trata de que no sientan enojo o rabia, que son sensaciones, sino que las sepan canalizar. El ejemplo es clave y la familia, el punto de partida. Si un joven ve que los adultos que lo rodean resuelven sus conflictos de manera constructiva y pacífica, desarrollará esa misma estrategia para enfrentar sus propias situaciones.

4. Cambiaron los parámetros de lo que se considera agresivo. El lenguaje que usan los adolescentes hoy es muy distinto al nuestro. Por eso, muchos dichos que nosotros consideramos agresivos, para ellos no lo son. Al mismo tiempo, hay que considerar que el espectro de lo que se considera violento es más amplio. Un tirón de orejas en otra época era considerado normal y hasta necesario. Hoy en día, sabemos que no es así y un adolescente denuncia e incluso responde a ese tipo de agresión. 

Por  María Elena Caballero, Docente | www.hacerfamilia.com.ar
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