No son mayores de edad, pero son los verdaderos jefes de la familia. No son delincuentes comunes, pero pegan, amenazan, roban, agreden psicológicamente... son los protagonistas del llamado síndrome del emperador, un fenómeno de maltrato de hijos a padres que se ha instalado con fuerza en la sociedad.

¿Qué puede ocurrir en la personalidad de un niño para que llegue a agredir a sus padres? Los expertos señalan innumerables causas genéticas, familiares y ambientales que ayuden al desarrollo de este síndrome. Carlos Peiró, psicólogo de la Unidad de Orientación a la Familia de la Comunidad de Madrid, menciona, entre ellas, "el abandono de las funciones familiares, la sobreprotección y sobre exigencia simultáneas, los hábitos familiares determinados por la escasez de tiempo, la ausencia de autoridad, la permisividad y, sobre todo, la falta de elementos afectivos, como la calidez en la relación con los hijos. Se les educa más en otro entornos sociales que en la familia, algo que no ocurría hace tan sólo una década". Sin embargo, para otros expertos, aspectos familiares o sociales, como la permisividad o la ausencia de autoridad, no son suficientes para explicar este fenómeno. Así lo cree Vicente Garrido Genovés, psicólogo criminalista y autor de Los hijos tiranos: el síndrome del emperador: "Un padre excesivamente permisivo tiene como resultado un hijo caprichoso e irresponsable, pero no un hijo violento. La permisividad puede echar a perder a un niño (hacerse vago, juntarse con malas compañías, cometer delitos), pero si hay violencia es como resultado de un proceso de deterioro personal por falta de educación, generalmente al final de la adolescencia".

Para Garrido, la clave está en que estos niños "son incapaces de desarrollar emociones morales (como la empatía, el amor o la compasión), lo que se traduce en dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones".

Por ello, Garrido asegura que el síndrome del emperador tiene causas tanto biológicas (dificultad para desarrollar emociones morales y conciencia) como sociológicas, ya que, en la actualidad, "se desprestigia el sentimiento de culpa y se alienta 1a gratificación inmediata y el hedonismo. La familia y la escuela han perdido la capacidad de educación, y esto favorece que chicos con esta predisposición, que antes eran mantenidos por la sociedad ahora tengan mucha más facilidad para exhibir la violencia". Carlos Peiró coincide en que el elemento decisivo son "las carencias más o menos claras en la adquisición de competencias personales", agudizado por el hecho de que "el hijo ideal de los padres está en franca contradicción con los hijos ´sociales` ideales definidos por la sociedad de consumo'. La importancia de los medios en este factor es clave: "La televisión enseña valores muy hedonistas y consumistas -apunta Garrido-, y dificulta el aprendizaje del autocontrol, es decir, la capacidad de esforzarse por renunciar a cosas inadecuadas y para perseguir metas que requieren esfuerzos Los hijos tiranos ven en los medios muchas conductas y metas que son coincidentes con lo que ellos desean; pasarlo bien y hacer lo que quieran sin que nadie les obstaculicé'.

Lo que para muchos es una falta de disciplina que se soluciona con un "cachete a tiempo", es, sin embargo, un problema mucho más profundo que exige "ayudar a que el niño desarrolle una conciencia sólida; ésta es la mejor policía. Y ello se logra aplicando castigos razonables, pero firmes, y explicando las razones morales y prácticas que supone su mala acción. En los casos más graves es, por desgracia, casi imposible", lamenta Garrido.

Las madres, principales víctimas

Los escasos estudios realizados en España sobre este fenómeno no permiten elaborar un perfil exacto de las familias que acogen a un niño o joven con el síndrome del emperador. Sin embargo, los expertos coinciden en una mayor incidencia en las familias monoparentales:"La mayoría de los casos se da en madres que vuelven a tener otra pareja", explica Luis González Cieza. Uno de los pocos estudios realizados al respecto es La violencia de los jóvenes en la familia, una aproximación a los menores denunciados por sus padres; elaborado por el Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat de Cataluña. El informe asegura que la madre es la víctima en el 87% de las ocasiones que se produce este tipo de violencia y que principalmente recibe agresiones físicas, aunque también son habituales las verbales. En el 13,8% de los casos, el estudio refleja que la intimidación se produjo con un cuchillo o un arma similar. González Geza añade que la edad media de los menores denunciados por este tipo de violencia es inferior a la de otros delitos. Mientras que en estos últimos es de 17,5 años, en el síndrome del emperadores de 16 años. Sus protagonistas, además, no suelen tener historial delictivo.

Una última característica es que esta violencia familiar tiene una incidencia sensiblemente superior en hijos adoptados frente a los biológicos.

Cómo detectar un `emperador' en casa

1.- Incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etcétera) auténticas. Esto se traduce en muchas dificultades para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.

2.- Incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres, no parece que sirvan regañinas y conversaciones, él busca su propio beneficio, parece guiado por un gran egocentrismo.

3.- Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades.

Cómo enfrentarse al síndrome

1.- Desarrollar de manera intencionada y sistemática las emociones morales y la conciencia de los hijos, dándoles oportunidades para que practiquen actos altruistas y que extraigan lecciones morales.

2.- Establecer límites firmes que no toleren la violencia y el engaño.

3.- Prestar ayuda para que desarrollen habilidades no violentas que satisfagan su gran ego.

Por Javier Ansorena | www.yoinfluyo.com
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