Alquiler de vientre
El principio fundador de la familia era el encuentro sexual de un hombre y una mujer. Sin embargo, cito a Maularie al decir que: “tal como lo muestran las expresiones del lenguaje vulgar, hay muchas verdades: la afectiva (verdadero padre es el que ama); la biológica (los lazos sagrados de la sangre); la verdad de la voluntad individual (para ser padre o madre es necesario quererlo); la verdad del tiempo (cada nuevo día la paternidad o la maternidad vivida vivifica y refuerza el vínculo)."

A diario nos vemos enfrentados con todas y cada una de esas verdades, cuando  prácticas nuevas nos invitan a cuestionar el concepto de familia en pleno cambio de estatuto frente al cual, ni nuestros juicios y prejuicios, ni la leyes deberían ser indiferentes.
Según Roudinesco la familia pierde su forma original, pero no su esencia y su actualidad. Para lograrlo debe “mantener como un principio fundamental el equilibrio entre lo uno y lo múltiple que todo sujeto necesita para construir su identidad”. Y concluye este texto, diciendo: “La familia venidera debe reinventarse una vez más”.

La familia se define entonces por su lógica discursiva: qué se dice, qué no se dice, de qué manera; su origen cultural que enmarca la idiosincrasia y sus costumbres y no con el énfasis puesto en lo biológico. Es decir que se abre a las posibilidades de reconocer como familias a estructuras variables en cuanto a su origen, su desarrollo, cantidad de integrantes, géneros, entre otras tantas diferencias posibles.

En este contexto debemos ubicar las diferentes técnicas de fertilización asistida: diferentes maneras de lograr aquello  muy deseado y necesitado por muchas parejas: un hijo. Se llega a estas opciones luego de un camino de vaivenes: la ilusión que pensar en un hijo trae a la pareja, la desilusión mes a mes de lo que no llega, la desesperanza de no poder…y el regreso a la ilusión cuando la ciencia provee una manera de alcanzarlo. La respuesta dependerá de los recursos emocionales de cada uno, de la posición que tome respecto de la imposibilidad, de la impotencia y de la respuesta singular que logre frente a estas cuestiones.

La opción del alquiler de vientre entre estas opciones, responde a la jerarquía que algunas parejas dan al lazo genético. El tema central es que frecuentemente las parejas deciden qué tipo de ayuda buscarán para lograr ese deseo tan profundo de tener un hijo, sin preparación o acompañamiento previo. Muchas veces las intervenciones médicas empujan a saltearse el recorrido: la pregunta acerca de cuál es la mejor opción para ellos, qué significa tal o cual práctica para cada uno de los miembros de la pareja, calcular emocionalmente las consecuencias posibles y a partir de allí qué tratamiento eligen.

De la mano de la ciencia se propone una certeza acerca de que “toda mujer hoy en día puede ser madre”, y desde allí se espera el milagro, se insiste hasta la exposición extrema del cuerpo y de las emociones, exigiendo un gran esfuerzo al psiquismo de cada integrante de la pareja.

Elecciones individuales que debemos evaluar sin saltearnos las marcas que cada decisión puede dejar en los niños por venir.

Dentro de las llamadas nuevas técnicas de reproducción asistimos a una novedosa manera de tener hijos: sin experiencia coital. Esto generará marcas en sus protagonistas, nuevos campos simbólicos que aporten representaciones para elaborar las nuevas modalidades, como así también actualización de la concepción de la familia y de los parentescos.
Se trata en un primer momento de una decisión individual, consecuencia seguramente de su posición frente a la maternidad/ paternidad, los duelos necesarios para llegar a esta instancia, las marcas de su historia y de su deseo más íntimo.

En esta época estamos entre todos construyendo este contexto, y desde allí es entendible que muchos se sientan cómodos con ello y otros ajenos, pero de ninguna manera podemos falsear la realidad: el alquiler de vientres es una opción. Considero que en todo caso se trata de tener presente algunas cuestiones fundamentales:

¿Quiénes accederán a esta práctica? Sería esperable y sugerible que sólo elijan esta opción aquellas mujeres que por prescripción o diagnóstico médico pueden engendrar pero no llevar adelante un embarazo.

¿Cómo arriba cada integrante de la pareja a  esa instancia?

¿Por qué la mujer que alquila su vientre lo hace? ¿Es lo mismo que sea un hecho altruista que por dinero? ¿Está preparada emocionalmente para llevarlo adelante?

¿Cómo acompañaremos a los niños en su desarrolla  a las preguntas en torno a su origen?

Sin duda en la relación entre padres e hijos lo esencial no está en la continuidad genética, sino en el vínculo que se construye. Sin embargo se escucha a diario las grandes proezas que algunas mujeres se someten para lograrlo. Esto guarda relación con sus deseos más profundos, sus mandatos, y sus posibilidades.

Pero la maternidad y la paternidad deben ser acompañadas con la responsabilidad y el compromiso que la crianza de un niño conlleva.  
Asumir que no se trata del embarazo y del parto, sino que allí todo recién comienza.

Por ello es fundamental poner las cosas en su lugar: los hijos pueden llegar a nosotros por diferentes vías: en forma natural, de la mano de la ciencia, de la mano de la ley (adopción), lo importante es que las leyes deben garantizar para esos niños un desarrollo saludable, el primero de sus tantos derechos.

La ley debe regular estas diferentes situaciones de tal manera que esa garantía esté asegurada.

- En estos casos, ¿qué pasa con el derecho a la identidad, en relación a los orígenes?
Es esperable en nombre de la salud emocional de los niños llegados a partir de diferentes caminos ya mencionados, que esto sea parte de su historia. La misma no comienza con su llegada, ni siquiera en el caso de un embarazo y parto natural en el seno de la familia: comienza mucho antes en las fantasías de cada uno de los miembros de la pareja y de las decisiones tomadas en ella, los deseos, los temores y cada palabra dicha o guardada. Es esperable que sus padres puedan construir un relato que la escriba sin secretos ni tabúes.

- ¿Cómo acompañar a los niños en la comprensión y asimilación de estas novedades?
Es sabido que los niños son más permeables que los adultos, más flexibles porque tiene menos posiciones tomadas, que generan menos prejuicios y porque no tienen  historia que haya dejado marcas que compliquen asimilar nuevas realidades.
Es decir que podemos abordar esta temática, teniendo presente que las dificultades están más de nuestro lado, que del de ellos.
Una vez más, la verdad debe ser nuestra invitada especial al hablar con los niños en todas las etapas. No hay ningún dato a ser escondido o falseado frente a una situación que o bien como padres consideramos que debe ser explicado, o bien nuestros hijos nos preguntan.

En cada etapa en todo caso evaluaremos hasta dónde llegar con los detalles. Siempre teniendo en cuenta que los niños que necesitan saber más, vuelven por esa información. Es decir que es sugerible brindar una explicación breve, acotada pero verdadera y ver si esta respuesta lo satisface o si desea y puede recibir más información.

Tomemos como ejemplo la presentación de Flor de la V de sus niños en la TV.
En este caso, sería algo así como:
Esta pareja está armada por un hombre y un travesti. Un travesti es un hombre que decidió vivir como una mujer.
Ellos se casaron, y al tiempo decidieron tener un hijo.
Como ella no puede, porque tiene cuerpo de hombre, decidieron buscar ayuda en la ciencia.
La ciencia los ayudó: una mujer les dio el óvulo que juntaron  con los espermas de ese hombre y otra mujer su vientre, o panza o cuerpo (depende de la edad del pequeño) para que pueda llevar adelante el embarazo.
Al nacer, esa pareja tuvo a su hijo.
De esta manera estamos transmitiendo las diferentes maneras en que la ciencia intenta sustituir  los elementos que no permitían el embarazo naturalmente y así posibilitar en cada caso la transmisión genética posible.
A partir de allí, es esperable que algunos niños pregunten más datos, otros se irán conformes, algunos tal vez se hagan los que no escucharon y “distraídamente” pasen a otro tema.
Lo más importante es que abrimos una vez más el canal de diálogo, les transmitimos que podemos conversar sobre lo que necesiten y acompañamos a su desarrollo, alineados con la realidad cotidiana.

No se trata de cambiar de canal para que no vean, o no se enteren; tampoco en lo posible, de dar nuestro juicio de valor o transmitir nuestras limitaciones. Es esperable que cada niño crezca en un ambiente contenedor pero lo suficientemente amplio como para dar lugar a las diferencias, que aunque muchos intenten no enterarse de ellas:  ¡están!

Todos somos diferentes, cada uno tiene su singularidad, la realidad está en pleno proceso de cambio y las buenas madres y los buenos padres responden a cuestiones mucho más complejas que el género, que la sexualidad y el origen.

Por Lic. Marisa Russomando, Psicóloga (MN) 23189, Directora de Espacio La Cigüeña | www.marisarussomando.com.ar

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